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Traducir libros: el reto más apasionante y difícil

Traducir libros es, sin duda, el reto más apasionante de cualquier traductor profesional. Pero al mismo tiempo, el más difícil de todos ellos. En este artículo te contamos por qué y te recomendamos este servicio,  ya sea para introducir un título en el mercado español o para difundirlo en mercados extranjeros, puesto que contamos con profesionales en todos los idiomas.

Traducir libros: apasionante y difícil

Traducir libros con un cariz literario es una tarea apasionante para un profesional de la materia porque todo traductor lleva en su interior un gran lector y un escritor en potencia. Y en esta labor se dan ambos aspectos, puesto que se lee con los ojos bien abiertos en un idioma y se escribe con el mayor esmero en el otro.

Pero al mismo tiempo, es una tarea de lo más difícil porque entran en juego muchos aspectos. Se debe conjugar la precisión habitual de una traducción profesional con el sentido literario que debe permanecer en el texto final. Esto es algo realmente complicado en algunos campos, como la poesía, donde las rimas y la métrica en origen saltan por los aires cuando se traduce literalmente a la lengua final. De ahí que en ocasiones los traductores literarios se dediquen a este ámbito en exclusiva, que es notablemente diferente al jurídico o al médico.

Algunos aspectos que marcan la diferencia

Un buen profesional debe dominar y ponderar numerosas cuestiones a la hora de traducir libros. Por ejemplo, debe contar con un conocimiento profundo del autor, pues debe meterse literalmente en su cabeza y en su corazón, para expresar qué, cómo y con qué intención escribió una determinada obra. Este profundo conocimiento se logra mediante la lectura de otros libros del autor, si se trata de un escritor clásico. Y si se trata de una pluma novel y actual, conocerle personalmente puede ser de gran ayuda. De hecho, muchos son los autores que tienen un traductor de confianza, del que nunca prescinden.

Por otro lado, es fundamental respetar el fondo y la forma. Es decir, el mensaje y el estilo, tratando de lograr el mismo nivel de sensibilidad, ironía, humor o amargura, por ejemplo. Además, se ha de llegar a otros detalles aún más sutiles que aparentemente pasan desapercibidos, como la cadencia y la musicalidad de las palabras. Y por supuesto, con una corrección exquisita en lo que a gramática se refiere.

Por otro lado, a la hora de traducir libros es fundamental el conocimiento de ambas culturas: la del texto en origen y la del texto final. Sólo así se entenderá, por ejemplo, un doble sentido y, al mismo tiempo, se encontrará un equivalente válido cuando no haya uno literal en el idioma de destino.

Por todo ello, a menudo se considera que esta tarea solo la puede realizar un traductor de nivel bilingüe pero que, además, tenga el idioma de destino como lengua materna, que haya crecido con ella y la ha sentido desde la niñez. De lo contrario, sería necesario una profunda y exhaustiva revisión final del texto, una solución que es perfectamente válida y que de hecho llevan a cabo todos los editores de libros.

photo credit: Bennilover WORDS!  #3 via photopin (license)



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