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La invisibilidad de los buenos traductores

Si hace poco dedicábamos un post al buen traductor, el de hoy es un buen complemento a dicho artículo: en este sector, y en especial en nuestra empresa, utilizamos un concepto muy visual para indicar cuándo los buenos traductores hacen bien su trabajo: la ‘invisibilidad’. A continuación te explicamos qué quiere esto decir y cómo la conseguimos en Traducciones Aida SL.

Qué significa la ‘invisibilidad’ de los traductores 

Los buenos traductores  han de ser invisibles. O al menos, pasar completamente desapercibidos en el texto que trabajan. Eso querrá decir que no se nota su mano, que el resultado es natural y correcto de dos principales maneras:

  • Es fiel al original, de tal manera que nadie pueda decir que el sentido de una palabra, de una frase o de un apartado ha cambiado tras la traducción. Tendrá las mismas connotaciones, los mismos giros literarios, el mismo humor, el mismo dramatismo, la misma neutralidad o cualquier otro rasgo que caracterice el texto de origen
  • Es fiel a la lengua final, con términos y expresiones que nadie pueda reconocer como conversiones forzadas de un idioma a otro. De esa manera, cualquier lector podrá creer que dicho texto se ha escrito originalmente en la lengua en la que lo está leyendo. Por tanto, a la hora de redactar el texto final, el traductor ha de tener en mente quién va a leer el texto, haciéndolo comprensible según las normas y usos del idioma final

De todo ello se deduce que, a diferencia de otras profesiones, los buenos traductores  mantienen a raya el ego y el protagonismo para permanecer invisibles. No obstante, esto no debe significar falta de reconocimiento hacia su labor, aunque por desgracia así ocurra a veces.

Cómo se consigue esta invisibilidad

A nivel general, la base sobre la que se fundamenta esta invisibilidad es una ética deontológica de la que nunca nos podemos separar, alejándonos de florituras innecesarias y de pretensiones injustificadas de ciertos clientes: el compromiso y la lealtad del buen traductor han de demostrarse, sobre todo, para con el texto.

Y a nivel técnico, esta invisibilidad solo se puede conseguir gracias a un profundo conocimiento de ambas lenguas y ambas culturas. Por tanto, la consulta de manuales y diccionarios es fundamental para lograr la precisión necesaria, pero también lo es la experiencia vital del traductor, adquirida en viajes a dichos países, en obras literarias de referencia o  por el contacto continuo con personas de dicha lengua materna.

Un error que hay que evitar es el de las traducciones demasiado literales. El traductor ha de saber qué grado de penetración en la sociedad tiene un determinado término, especialmente si es un anglicismo o un extranjerismo. Y en base a ello, elegir el término tal cual, su traducción literal o un término equivalente.

Y más allá del conocimiento de la cultura que hay detrás de una lengua y del vocabulario que la enriquece, es importante dominar la sintaxis, la puntuación y la redacción en general, para buscar el equilibrio perfecto entre el texto original y el texto que un lector se esperaría encontrar en su lengua materna.

photo credit: Thomas Hawk I Can Picture Your World via photopin (license)



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